A cuatro ruedas: El deporte es político

Escrito por: - 11 de marzo de 2022
A cuatro ruedas: El deporte es político

Primer Encuentro de Cabras sobre Ruedas en Chile

Por Lissette Fossa / Fotos: Fernanda Ruiz

Agradecimientos a Planet Roller

El skatepark del Parque Bustamante está más lleno que de costumbre. Hay mujeres de todas las edades. Sus voces, risas y el sonido de las ruedas rozando el pavimento, se repite una y otra vez, mientras el sol brilla sobre una bienvenida brisa en Santiago de Chile. Movimientos por ahí, vueltas por allá. Unas cien jóvenes dan vueltas en la pista, con patines, la mayoría y unas pocas con skate.

Este domingo 6 es su segundo día. Ayer se enfocó más bien en la competencia. El Encuentro Nacional de Cabras sobre Ruedas es el primer evento de este tipo en el país y convocó a jóvenes mujeres de variadas disciplinas del rollerskate (la más clásica, con patines de cuatro ruedas), skate y roller agresivo, una práctica que implica piruetas, deslizarse sobre barandillas y saltos. También incluyó al roller derby (juego en equipos, de mucho contacto) y el freeskate, modalidad urbana de patinaje que usa espacios de la ciudad como obstáculos. Más de 400 patinadoras se inscribieron para participar en torno a las conversaciones, competencias y muchas ruedas. Hasta niñes hay, rondando el lugar. Se ve harta gente. 

La mayoría se desliza con rodilleras y algunes van con cascos. Vengo más protegida que hija única: casco, rodilleras, muñequeras, coderas y unos patines hermosos que me recuerdan y previenen un ‘¡No patino hace 20 años!’. Seguro que a mis quince tenía mucha más gracia que ahora, que apenas puedo avanzar unos metros. Simulo ser un cisne abriendo los brazos, pero sólo alcanzo a ser pelícano después de cuatro piscolas. Antes de mi frustrada performance, hablé con algunas de las asistentes. Todas contentas, mucho menos atemorizadas que yo.

Un espacio seguro

Mariela (27, Valparaíso) sonríe mientras observa la pista sentada en el pasto. Le acompaña un joven con ropa deportiva y su hija, una bebé de ocho meses. En el suelo, hay una pieza de patines de su marca Tu Patín que ofrece a les asistentes. “Soy muy buena patinando”, dice. Le brillan los ojos mientras contempla las piruetas.

– “Me parece un evento hermoso. ¡Cuánto poder femenino se ve aquí! Estas instancias hacían falta, juntarnos todas y patinar”, indica.

Mariela practica desde que era niña y ha participado en competencias. Empezó con el patinaje artístico, pero cuenta que después se aburrió y ahora practica una modalidad más libre. También es profesora de patinaje, labor que incluso realizó estando embarazada de ocho meses. 

–“Me gusta que mi hija se desarrolle y crezca en un ambiente de movimiento. Le gusta mucho la tabla de skate, los patines, las ruedas. Le gusta mucho mirar”, afirma. Efectivamente, la niña sigue con la mirada a las patinadoras, mientras Mariela habla.

En el evento también hay asistentes de regiones. Como Noemí (25) que vino desde Concepción con sus amigues. Todes andan en skate.

– “Nosotras tenemos una crew de mujeres, que se llama Sakura y hacemos talleres para mujeres y disidencias en Conce. Y, claro, intentamos recrear esto mismo, pero es una escena mucho más pequeña, más acotada. Y cuando se presentó la idea de venir, fue re-bacán. Igual, el evento es mucho más de lo que esperábamos. Por el apañe de las cabras, el ambiente, todes aprendiendo de todes, se intercambia conocimiento. No existe ese sentido de competencia negativa”, comenta.

Para ella y sus compañeres, que pertenecen a las disidencias sexuales, el encuentro se ha vuelto un espacio seguro para patinar, a diferencia de lo que le ocurre en el skatepark de Concepción. “Allí, los hombres se cruzan, no te piden ni disculpas y hasta hay burlas hacia las mujeres”, comenta.

– “Yo no he tenido ninguna mala experiencia en este encuentro. Igual con las disidencias. Todo bacán. Es de verdad para todes. Lo único fome que ha pasado no ha sido responsabilidad del evento. Por ejemplo, ayer en el Skatepark de Las Condes, se cruzaban hombres durante las competencias. Eso ha sido lo único negativo. Pero se contrarresta con la buena onda de las cabras”, agrega.

Sus amigues también son sus compañeras de trabajo. Y, para ella, su familia:

– “En nuestro caso son lazos súper fuertes. Es la pega, es amistad, es familia igual. Ya viajamos juntas, trabajamos juntas, nos vemos todas las semanas y después, el fin de semana, salimos a patinar, planeamos viajes y todo”, indica Noemí, mientras sus amigues asienten.

El encuentro no sólo ha sido un espacio valioso para la competencia. También incluye conversatorios, intercambio de materiales y productos alrededor del patín y el skate, todo organizado por Las Cabras Rollerskate y Juntas Mejor. Y, aunque no hay cifras oficiales que indiquen cuántas mujeres participan en los deportes sobre ruedas, cuando les pregunto, todas responden que son cada día más. 

Paulina Veraa.k.á. Puli– es parte de la organización del encuentro. Cuenta que, con un grupo de amigas, siempre se encontraban en esta pista de patinaje y, desde el 2016 comenzaron a organizarse para hacer eventos e incentivar este deporte “entre las cabras”. Dice que hay un boom desde el comienzo de la pandemia.

– “Empezamos a crear lazos y se formó una amistad bacán. De ahí que se nos hizo responsabilidad el hacer crecer la comunidad. Y gracias a las clases, caleta de cabras empezaron a aprender y motivarse. Hace un año atrás, en Argentina, donde la escena es más grande, hicieron un encuentro nacional y nos picó el bichito de ‘tenemos la responsabilidad de hacerlo aquí’”, cuenta Puli.

– “Siento felicidad al ver tantas cabras que se han metido a patinar. Esto era impensado hace unos años. Desde la pandemia en adelante, el patín creció caleta. Incluso, se hicieron clases online y acá también se hacen clases regularmente, como dos o tres veces por semana”, agrega, con una sonrisa de oreja a oreja.

Compartir, generar un espacio seguro y redes, son parte de las motivaciones que se repiten entre les asistentes. Por eso, el ambiente es más que festivo. Prenden el reggaetón, se sacan fotos, graban videos para las plataformas sociales y celebran las piruetas más atrevidas.

– “Por lo que he visto, de norte a sur, las mujeres se están organizando y se está logrando que haya respeto por el skate y para todes; pero, hasta ahora, es una escena de hombres y todos los auspicios son para ellos. Pero se está logrando. Creo que las generaciones de ahora son súper buenas, desde pequeños están viendo tanto a hombres, mujeres y disidencias. Se está notando que hay que respetar a las personas, que cada une puede tener su espacio y que es necesario hacer actividades separatistas también”, opina Noemí.

Organizarse y crecer

Un grupo de mujeres y disidencias se sienta en el pasto, bajo un toldo y escucha atentamente una charla sobre género y deporte. En él, expone Karla González, socióloga y magíster en Estudios de Género de la Universidad de Chile. Desde el 2009, patina en la modalidad de roller agresivo, por lo que maneja códigos y referencias que les asistentes mencionan cuando hacen preguntas y comentarios. Karla está en su salsa: sonríe, menciona deportistas, saltos y también las problemáticas más habituales que tienen las mujeres en este deporte: prácticas machistas, pocas oportunidades, discriminación hacia las diversidades y disidencias. Karla ha dedicado sus estudios a estos tópicos, primero en su tesis de pregrado y luego en su magíster. 

– “Siempre me han llamado la atención los deportes y el estudio feminista de los deportes. Hace ya unos años, mi pregunta fue: ‘¿Cuál es mi militancia en el feminismo?’. Vengo de una universidad súper activa, que es la de Universidad de Valparaíso, donde habían varios grupos y colectivas. Y nunca me sentí tan a gusto en ese espacio, me sentía más cómoda con las cabras patinando. Así, encontré la respuesta con los estudios del deporte, en los estudios feministas y queer del deporte”, afirma.

Pero al avanzar en sus estudios, se topó con que había poco y nada de investigación sobre esto en Chile. No hay catastros ni encuestas que revelen el número de participación o sus diversas modalidades. Hay algunos estudios en Brasil y Estados Unidos sobre el tema, pero acá es empezar de cero. Por eso, para ella, lo importante es abarcar estos deportes más allá de la competencia.

– “O sea, no es un Derecho Humano porque sea netamente una competencia. Es porque aúna redes, porque fomenta a las personas. O sea, cuando conoces a alguien que ha participado en deportes de equipo, son personas distintas. Hay una habilidad para negociar, para conocer a la gente; una habilidad de diálogo que se desarrolla en estas instancias”, agrega.

Las marcas que auspician deportistas –para Karla– son parte del problema, pero también podrían ser parte de la solución. Interesarse por estos eventos genera que mujeres y diversidades (sexuales y corporales) se sientan representadas, acercándose a estas disciplinas.

– “Cuando ves a mujeres y disidencias tan diversas, cabres no binaries, amplías tu visión para decir: ‘Bueno, nosotras podemos hacer algo; al parecer no dependemos de las marcas para organizarnos’. Y ves caleta de sus emprendimientos. Antes estabas muy amarrada, porque si querías regalar una tabla de skate, tenías que casarte con una marca y éstas esperaban que hicieras casi una pelea en barro, con mujeres tirándose agua. Eso es lo que esperan: tenerte como un objeto. Eres válida en cuánto eres objeto de y llamas al consumo”, analiza Karla.

Para la socióloga, el desafío es organizarse y darle seguimiento a estas jornadas, registrarlas, avanzar en acuerdos mutuos y politizar estos espacios.

– “Creo que es algo que se tiene que politizar más, en términos de plantearse un objetivo de organización, de registro, de base de datos, eso va a dar consistencia a la organización. Porque, en este minuto, más allá de juntarse no hay continuidad. No hay una visión del deporte. Como la frase de ‘lo personal es político’. El deporte también es político y estas instancias también lo son”, concluye.

Caer para volver a levantarse

Después de hablar con Karla, tomo los patines y me los pongo. Me demoro un poco, porque también me acomodo todos los implementos de protección. Sin dudas, tengo más probabilidades de caer que cualquiera de las asistentes al evento. 

Miro a mi alrededor y, la única persona que se ve tan protegida como yo, es una niñita que no supera los tres años. Viene sobre un monopatín de colores pasteles. Me mira fijamente mientras trato de dar unos pasos. Quizá le llama la atención que estemos ataviadas iguales, quizás se siente representada. Inflo el pecho: ¡Qué orgullo! Pero, lo cierto, es que ella me representa a mí. Me agarro más fuerte del brazo de mi amiga, que esa pequeña de su papá.

Para darme valor, recuerdo las palabras de Puli: “Lo bacán del deporte es que te hace ver la vida desde otra perspectiva. Tiene problemas, pero voy a superarlos, voy a ver cómo hago para lograrlo. El deporte es lo mismo. Si aquí te sacas la chucha, te paras y vas a volver a hacer el truco. La frustración no impide que uno siga intentándolo. Ese es el sentimiento más bacán: la resiliencia”.

Entonces: un pasito y después otro. La verdad es que algo le pego. Al menos, no me caigo. Me repito a mi misma: dobla las rodillas, pon tu eje hacia adelante. Y así, avanzo un poco y después, más. Avanzo un breve tramo y me sujeto a la reja que rodea la pista, para no caerme. Pude andar unos 5 metros, me río. Es como volver a los 15 años, cuando andaba en la vereda de Avenida Matta. O cuando mi viejo (mi papá) me llevaba al Parque O’Higgins a patinar. Vuelve esa sensación de libertad: el viento en la cara, ver pasar el paisaje rápidamente. Dar una o dos vueltas sobre mi eje, como esas patinadoras de la tele. Esa era mi máxima pirueta.

Pero en esas ocasiones, al frenar, estaba sola. Claro, mi viejo me supervisaba, pero no andaba en patines. Extrañaba tanto compartir esa sensación con alguien, que al final desistí y dejé de ponerme patines. Hoy, contemplo a les jóvenes en grupo, compartiendo saltos, caídas y trucos. Les veo gozando la velocidad, con la brisa y el sol a cara descubierta, recogiéndose una a la otra. Alentándose ante obstáculos y miedos. Seguro tendrán más chances de prolongar la práctica de este deporte, de las que yo tuve en los inicios del 2000. Juntas, las cabras son más fuertes.