Caja Negra: nueva columna de Amor Al Caos

Escrito por: - 12 de abril de 2022
Caja Negra: nueva columna de Amor Al Caos

Caja Negra

Pequeño manifiesto de la revolución temprana…

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Mostrarse al mundo es un acto de amor, nos mostramos mediante la imagen y la imagen es la imagen de lo que somos. En la sobreproducción de imagen de estos tiempos suele ser un acto cotidiano, y en lo cotidiano perdemos la unicidad de lo que somos, nos diluimos en la masa y en el rebaño, perdiendo la cualidad de seres únicos en la vida. 

Retratar el mundo, dibujar la vida son actos únicos y requiere de elección, necesita la urgencia de ver el detalle para que esa sombra que dejamos sobre las cosas sea única. No vemos igual que todos y no sentimos los estímulos igual que todos, somos una perfecta máquina singular. 

Entonces recuperar la imagen de las garras de la sobreproducción es un ejercicio de arte, una elección de valentía. La de salir de las garras de lo consabido y los sentidos comunes, la forma como concebimos las cosas y las reproducimos es una urgencia y a la vez emergencia. 

Están los medios y los medios terminan siendo la manera de representación

Premisa: No todo lo que vemos es real, pero al transformarlo lo convertimos en un segmento de nosotros… ¿Será eso el sentimiento último de la imagen? Preguntas más que respuestas… 

¿Seremos mejor cada mañana después de la mínima muerte cuando abrimos los ojos y vemos que el mundo esta otra vez frente a nosotros para verlo y reproducirlo según como somos…? 

Caja Negra es una noción, un medio por donde entra la información del mundo, convirtiéndola en un resultado, permitiéndonos ver de otra suerte. No nos interesa cómo funciona ese resultado ni su proceso de transformación, sus pequeños detalles, las ínfimas sendas que unas cosas se convierte en otra. 

Nos compete el estímulo/entrada y la respuesta/salida sin buscar otra cosa que el placer de ver y leer. Input/output. 

Una imagen que en su larga estadía en los dominios de la luz termina siendo otra cosa. 

Una palabra desde su nacimiento hasta que se convierte en la mitad de un verso. 

Caja Negra es la magia de la transformación e interpretación de lo que llamamos realidad. 

Caja Negra es sedición de los sentidos, un acto de heroísmo ante la prepotencia de la realidad ya dada con un solo significado. 

El último reducto de la razón ante los embates del sinsentido.

La trinchera abandonada  que no fue defendida. 

El crayón sobre un muro, el pasto seco.

La canción de gloria de los derrotados en su marcha final, dejando la ciudad aniquilada y vacía

Caja Negra es la insumisa.

La que no da pie atrás llena de banderas y consignas… 

Construcción de la imagen a partir del sujeto

(Ideología y Técnica)

Podemos entender la noción de construcción de imagen como los mecanismos ya sean técnicos, ideológicos y estéticos, que determinan una dirección determinada en la producción particular de una imagen fija. En este caso estamos hablando de fotografía, todo aquello que se dibuja mediante la luz y su reflejo sobre la realidad. Física y técnicamente la fotografía es eso, un conjunto de volumen lumínico rebotando sobre objetos y que estos a su vez se convierten en información captada por nuestro aparato fotográfico constituyendo un dibujo y una representación particular de la realidad.

En cierto sentido, es un acto de apropiación de la realidad detenida en luz y aquel dibujo atrapado técnicamente por una mecánica especifica es el resultado de una elección definida. Desde el punto de vista de la técnica fotográfica, el encuadre, el manejo de la luz, el ángulo de visión de la captura y todas las técnicas fotográficas son fundamentales en la expresión de nuestras propias definiciones ante la realidad.

Recortar (encuadre) un trozo del mundo y la elección del mismo está íntimamente relacionado con la persona cultural que somos, nuestra biografía y reflexión acerca del mundo que habitamos, en resumen al recortar aleatoriamente una fracción del mundo mediante nuestro encuadre y selección estamos diciendo en una especie de proclama pública quiénes somos como una firma indeleble en el horizonte de las cosas. 

El manejo del volumen de luz, el realce de sombras, la sobreexposición o subexposición voluntaria en la administración de la luz, son ejercicios de escritura, son instrumentos de expresión para esa huella que dejamos ya sea sobre una película o un sensor electrónico. La información depositada sobre aquellos soportes no son sino la expresión profunda de quienes somos y hacia donde miramos. 

Puede que sean procesos inconscientes de elección pero nada es al azar y en medida que sepamos reconocer estos factores en la escritura de nuestras directrices estéticas y culturales, nos permitirá articular un discurso coherente en torno a la armonía y consecuencia de nosotros mismos en relación a la creación de la imagen. Extensiones al fin y al cabo de nosotros mismos pero de una manera plástica que nos instala en el mundo mediante una imagen.

Con estos parámetros podemos decir que la técnica aprendida y los conocimientos asimilados junto a nuestra biografía particular y entorno, son los elementos que constituyen básicamente la construcción de una imagen propia, es decir, una creación. 

Fotografiar entonces es un modo de habitar. Es un modo de reinterpretar el mundo y sus objetos y según cada historia particular van alineándose de tal manera que dan vida a aquello que somos y como nos representamos. 

Resumiendo el origen de creación de una imagen fotográfica así como cualquier otra representación plástica de nuestro entorno se fundamenta en la biografía personal (sujeto productor y creador) nuestra historia determinada por mil factores de un devenir personal y colectivo, una estética predefinida por parámetros políticos ideológicos y culturales que arman un entramado  permitiéndonos abordar lo bello o lo feo; lo malo o lo bueno; lo justo o lo injusto de una forma única, ética y estética.

En resumen, la creación de una imagen responde a eso aunque así como la forma ocular de una imagen análoga que aparece solo al final del proceso de creación. Y como herramienta de este cuadro de expresiones ideológicas está el conocimiento de la técnica que nos permite expresar de manera fiel el concepto visual que nos interesa. El buen manejo y aprendizaje de la técnica es el vehículo necesario de expresión. El manejo de la luz, el aprendizaje de las leyes de composición (para su posible deconstrucción), el conocimiento del conjunto de encuadres para realzar objetos u objetivos, el conocimiento de la tecnología a nuestro alcance, son los elementos necesarios para la correcta expresión de lo que queremos decir o mostrar en nuestra imagen.

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El valor ideológico de una imagen

La representación del mundo es un acto reflejo, la sublimación de la realidad es una necesidad intrínseca del espíritu humano. El arte es la redención (liberación) de la realidad y la conversión de aquello inmutable en una imagen aleatoria de nuestra propia existencia en este mundo. La ideología es el cuerpo de ideas que racionalmente nos da coherencia dentro de la realidad. Una conjunción de verdades que nos permite interpretar la realidad para asimilarla en un proceso de transformación.

En la producción de la imagen fotográfica existe este entrecruzamiento entre necesidad (arte) e ideología. La fotografía entonces se convierte en el resultado de estos dos elementos; por una parte, la necesidad que se sustenta en la posibilidad de transformar la realidad existente a nuestro alrededor; y, la ideología el canal instrumental que da sentido a esta transformación.

Es decir, yo transgredo la realidad mediante la intervención de la creación de la imagen y la ideología le da sentido a esta transformación constituyendo una dirección precisa. Así entonces la imagen fotográfica, es decir, aquella que no interesa en este momento, que es aquella que escribe con luz, viene a ser un resultado de nuestra forma de transformar el mundo de lo real en una dirección precisa.

Entendiendo de esta forma la creación y producción de una imagen fotográfica podríamos decir los infinitos destinos y sentidos de la fotografía fija en tanto instrumento de transformación ideológica. 

Los campos de ejercicio de la fotografía son infinitos; sus áreas de influencia y dominio son incalculables dependiendo de la direccionalidad en que se instrumente su poder de acción. Pero a mi entender existen cuatro regiones fundamentales de la fotografía interrelacionadas que construyen perfiles discursivos decisivos en el mundo contemporáneo de la imagen.

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La fotografía como medio de prueba de lo real

La fotografía a través de su desarrollo ha sido utilizada como medio de prueba de lo real o como un instrumento de veracidad de la existencia de las cosas, un documento incuestionable en torno a lo sucedido y la relación con los rastros que deja este suceso sobre su propia historia. La sujeción a esta noción, mejor dicho, a esta función asignada está basada en su papel de documento que adquirió la fotografía en su desarrollo de representación. 

El uso de ella como evidencia de lo real lo podemos ver en las cartas de identidad en donde la administración de la imagen (legalidad o ilegalidad) da total garantía de ese papel de documento. La relación entre nombre e imagen otorgada, nos dice que ese sujeto (representado en una imagen de sí mismo) tiene existencia y que tiene un medio probatorio de su realidad y existencia, soy yo y puedo probarme como sujeto existente mediante la relación de mi propia imagen impresa en un documento de carácter probatorio e institucionalizado. Medio de construcción de veracidad y de existencia. 

Pero aquí existe un doble juego de sentidos, la fotografía en tanto instrumento de constatación de la verdad al mismo tiempo y en sentido inverso, es una construcción de realidad; por lo tanto, el papel del sentido ideológico de la imagen es fundamental en su interpretación adecuada al contexto determinado.

El contexto de lectura de la imagen es vital a la hora de contrastar sus sentidos de dirección. Entonces los planos de lectura de la imagen fotográfica son determinados de cierta forma por sentido, ideología y contexto. Por ejemplo, el mismo retrato de foto pasaporte insertado en el documento de identidad tendrá un sentido y dirección diferente si este mismo retrato lo vemos en un canto de retratos sobre una composición expuestos en una galería de arte contemporáneo. El contexto en ciertos casos, sino en todos, determina también la lectura de la imagen.

En este mismo sentido y con la función asignada, de cierta forma, a la fotografía al ser un instrumento probatorio de fidelidad, se imbrica en construcciones la noción de memoria; a ser evidencia de lo sucedido se convierte en un articulador de discurso de memoria y guía de rastros de lo sucedido en el tiempo, un soporte para la relectura de los acontecimientos pasados en cuanto documentos de reconstrucción histórica, ya sea colectiva o biográfica del o los sujetos involucrados, en una memoria y su posterior lectura e interpretación. Lo que sí es adyacente e inevitable, es que la fotografía como articulador de memoria es fundamental. 

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Fotografía y memoria

La narrativa fotográfica como discurso es un entramado de signos, símbolos y reminisencias, elecciones estéticas, una red de articulaciones que nos permite establecer en códigos temporales, narraciones pasadas con pruebas empíricas de la historia y lo sucedido en un tiempo pasado, una reflectora como la disciplina de la historia, una reinterpretación de lo sucedido al final como cualquier fenómeno histórico.

Desde lo más íntimo esta restitución del tiempo pasado juega una herramienta de reflectar en el tiempo presente cuando se observa lo sucedido con una distancia apreciable desde lo temporal hasta lo plástico. El tiempo pasado en imagen devenido en construcción plástica no deja de vivir, no deja su dimensión de pasado, sino más bien es una constante reflexión a partir de los elementos presentes.

Puede sonar antojadizo o como una prepotencia de la reinterpretación cuando lo plasmado en la imagen ya fue hecho, ya fue consagrado, o cuando los hechos ya fueron configurados como tales, pero la plasticidad de la imagen nos permite reinterpretar, releer y reconfigurar desde el presente, asignándoles sentido y significados distintos a los dados por la unicidad de lo ya plasmado.

Desde esta visión, el reacomodo de la realidad es a partir de la imagen de sus elementos. La interpretación de una imagen pasada desde el presente se realiza en un proceso que implica una visión presente de esa imagen; es decir, despojamos en cierto sentido el origen de esa imagen presuponiendo significantes nuevos que le asigna la visión presente de aquella imagen. En este caso se preconfigura su origen, las cosas ya no son como fueron sino como las interpreto desde mi presente.

No te pierdas la próxima entrada de Caja Negra.

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