Cortes latinos: Rebeldía y cabellos disidentes

Escrito por: - 11 de mayo de 2022
Cortes latinos: Rebeldía y cabellos disidentes

Cuando el corte de pelo habla de quién eres, retocarlo a tu gusto es un imperativo. Pero ¿qué pasa cuando otros deciden por ti? De cortes en cejas, mullets y degradados, cuatro peluquerías-barberías de la disidencia latina cuentan sobre la necesidad de abrir las puertas cuando no existen espacios seguros para ser nosotres mismes.

Por Tomás García Álvarez / Fotografías: Diego Urbina

Maricón-Vicuña o Marín intersección Vicuña Mackenna. Una bandera de la diversidad sexual cuelga del segundo piso en Santiago de Chile. Ixo (40) y Mario (39) llevan más de un año instalades en un punto neurálgico de la capital chilena y la peluquería –que es también su casa– se siente mucho más segura que la calle. Han aprendido a convivir con el ruido y, la música que suena en el interior, despeja el estruendo de los autos y las voces de protesta que se hicieron frecuentes desde la revuelta social chilena.

Ambes llegaron a conversar seriamente sobre Córtate esos pelos (nacido de un palabreo de la transformista chilena Claudia Larson) cuando fue una necesidad para subsistir en medio del estallido y la pandemia. “Empezamos a ir a domicilio y nos íbamos escondidos no más porque había que trabajar poh’”, lanza Mario. Agarraron sus bicis, se hicieron camino por la ciudad detenida y estando en la calle, camuflaron las tijeras. Acordaron no revelar sus destinos ni tampoco el oficio original. «Si nos paraban decíamos que íbamos a arreglar computadores», cuenta entre risas Ixo. La peluquería comenzó a crecer, tanto como el pelo de les clientes impedides de salir por las restricciones sanitarias. 

Instalaron un estudio en su departamento y de ahí en adelante sus clientes no dejaron nunca más sus sillas color rojo intenso. Ixo comenta que la peluquería nació del deseo de crear “un espacio seguro al que uno siempre quiso ir. Como cola no binario me daba terror ir a una barbería. Ahí la atención es super hetero, la música, la decoración. Aquí vienen todo tipo de personas donde no importa el género”. Mario agrega que la clave “fue reconectar el espacio, como (antes) lo eran las ‘pelus’ de barrio donde se juntaban las señoras a conversar y era entretenido hacerse el pelo. Y eso creo que lo hemos conseguido”.

Como ocurría en el pasado, las tendencias en cortes no son asunto nuevo, sin embargo, es innegable que hoy la calle luce más colorida y entre los cabellos aventurados destacan líneas definidas, siempre a tono con las teñidas. Esa búsqueda, si se quiere identitaria, es el motor de Córtate esos Pelos, aún cuando en la calle sigue habitando el peligro de la discriminación y la violencia que golpea y asesina. “Siento que la gente, por lo menos la gente más chica, está buscando desestructurar la pinta, el pelo y eso es lo que hacemos nosotros: romper los esquemas de los cortes y de la vestimenta. Vienen veinteañeros no binarios con unas pintas así, pero increíbles”, cuenta Mario.

Hacen entre cuarenta y cincuenta cortes semanales: mullets, rayitas por todos lados, cortes callampa y noventeros. La agenda la distribuyen en concordancia a las sensibilidades de cada une y usan el trueque como forma de retribución. “Siempre nos preocupamos de saber quién viene, cómo se llama, de hacerlo sentir importante porque realmente es importante para nosotros”, sincera Mario; mientras que Ixo argumenta que, gestos como estos, transforman a la peluquería en un verdadero espacio de resistencia que busca alterar la norma.

«Trabajamos con una parte importante de las personas, en su presentación personal: el pelo. Y a la vez, es tan lindo mezclar ese trabajo con algo artístico (…) es como coquetear con el pelo todo el día (…) Aquí existe la confianza para decirnos si te gusta o no te gusta el corte», añade Ixo. 

Camionas ‘fixas’ y con navajas

Algunos kilómetros al sur de Marín, instalades en el Barrio Matta Sur de la capital chilena, les integrantes de Camionas con Navajas se sientan en media luna y, como una orquesta, van hilvanando sus experiencias. Son una barbería para personas disidentes: trans, colas, camionas y tortas. “Para les mounstrites”, agrega Aylín (25) une de sus fundadores, quien cuenta que “nuestra idea era generar un hogarcito, un espacio al que fuera agradable venir. No sé, si tenís un mal día, me voy a Camionas con Navajas”.

Al igual que Ixo y Mario, muches de elles pasaron por barberías, la mayoría dirigidas “por hombres que deciden por ti”. Francisca (28) es barbera del proyecto y recuerda que “era súper cuático bancarse la dinámica, las tallas de ese cuarto lleno de machos. Me sentía súper mal, pero quería verme bonita. Aguantaba para verme bien”.

Las frustraciones pasaron por el cuerpo, pero hoy son los anhelos y convicciones las que sostienen este proyecto que resiste la hetero-norma. En esa habitación iluminada de color turquesa, corren las máquinas y desfilan las navajas. Pero ¿hay algo que defina un corte disidente? Nada que esté en regla, dicen. “Lo que generamos en el espacio es que no sólo puedes venir a hacerte un corte que no corresponda a tu género asignado, sino que aparte les damos un espacio para jugar con lo que quieran”, comenta Ara (21) para luego asegurar que el objetivo se logra cuando alguien queda “fichita”

“Entendemos que el corte de pelo, siendo disidencia, es todo. Es como nuestra carta de presentación, es lo que incomoda, es lo que nos da nuestra personalidad (…) Yo creo que el ‘se va fichita’ tiene que ver mucho con lo estético. Les cabres, al hacer cortes y motivar con un ‘pero córtate, házte una línea aquí’ también es parte de un estilo y de un styling de la disidencia que, en el fondo, es ser rupturista con lo tradicional”, complementa Nath (31), une de les fundadores de Camionas Con Navajas. Entre risas, Francisca condimenta con una afirmación: “Somos el terror de las mamás”.

El proyecto, cuentan les integrantes, ha pasado de ser una simple barbería a un espacio donde las disidencias y los diversos vínculos convergen. Es una casa, es corazón, es aprender a ser familia. A corto andar se entregaron a escuchar las vivencias de sus clientes y cuando llega la hora de cortar es inevitable sentirse identificades. En esos relatos están sus propias historias de vida. Están todes. También les que ya no están y que, por expresar su identidad se transformaron en víctimas de la homo-lesbotransfobia.

A Gaspar (25) le ha tocado cortarle el pelo a distintes chiques trans que, por primera vez, dejan caer su cabello largo para lucir líneas, degradados y colores. Estando allí, la adrenalina se apodera de él y no puede dejar de sentir una gran responsabilidad. “Es súper personal, adrenalínico y enriquecedor ver que a la persona que le estás cortando –que le sacaste una cachada de pelo– se va feliz porque era lo que tenía pensado o porque a lo mejor le gustó más (…) A veces te cuentan toda su transición y el por qué se quieren cortar. Entonces, es muy personal e íntimo llegar a esa conexión con la clientela”, cuenta el Gaspi. 

Una vibración subversiva

Laurie Martignago es brasileña, tiene 34 años y lleva 14 cortando el pelo. El suyo luce con ondas color amarillo oro. Es un mullet, muy parecido a los que suele hacer en su casa o en la peluquería PeloTosco. No tiene cortes favoritos y su placer está en “lograr cambios significativos en la vida de las personas”. De eso se trata el “auto reconocimiento individual a través del cabello”.

Su trabajo se mueve entre Porto Alegre y Sao Paulo, donde –al igual que en Chile– las disidencias no dan tregua al aventurarse con nuevos cortes. Claro está que la estadía de Bolsonaro en el Palacio de Planalto ha complejizado las cosas. Las libertades de la comunidad LGBTIQ+ se retraen ante los visibles crímenes y ataques de odio. Es el conservadurismo y el fanatismo, la espina clavada en el corazón de América Latina, esa espina que se resiste a desaparecer. Por eso y paradójicamente, las peluquerías disidentes se han convertido en un “lugar de resistencia” y no es extraño que todes les entrevistades en este reportaje coincidan en lo mismo.

“Llevar un pelo que no representa este sistema heteropatriarcal es una forma de ser visible, de existir como individuo y de mostrar que hay otras formas de ser que no se imponen obligatoriamente. Expresar esta diferencia hace que nuestra cultura disidente sea cada vez más fuerte y se ‘normalice’ dentro de una sociedad que intenta oprimirnos constantemente”, refuerza Laurie.

Quien coincide con ella es Diego Adam (44), peluquero y colorista queer argentino que lleva 17 años sumergido en los salones y hoy encabeza el espacio Vaux. Para él, los cortes disidentes buscan romper con la cisheteronormatividad y conflictuar a quienes jamás desajustan las reglas sociales. En suma, se trata de enfrentar a toda una maquinaria que nos dice qué y cómo debemos ser. Diego cuenta que en Argentina las nuevas generaciones buscan habitar en los márgenes del status quo

“Los colores y texturas en el cabello siempre estuvieron estigmatizados hacia una porción de la sociedad alternativa. Hoy podemos ver personas en cargos administrativos y de atención al público con tatuajes, piercings, cabellos y estilos muy marcados expresando su identidad”, reafirma.

Laurie cree que la danza de los colores, los volúmenes y las rayas tiene que ver con el reflejo de “nuestra personalidad y lo que queremos expresar”. Esas apariencias sacan afuera, lo que por demasiado tiempo estuvo muy adentro. Y para hacerlo, dice ella, hay tareas pendientes. “Cuantos más espacios seamos para permitir la contención de la estética disidente, más fuerza le daremos a nuestro movimiento”.

Cada una de estas peluquerías y barberías en Chile, Brasil y Argentina cargan con una enorme responsabilidad. Para Diego Adam se trata de que “les clientes se sientan sexies y con la autoestima por las nubes”, mientras que para el Córtate y Camionas con Navajas la búsqueda está en hacer crecer sus espacios. Cupos trans en las tijeras, máquinas y lugares de esparcimiento y oficios para las disidencias sexuales, son solo algunos de los deseos que proyectan les artistas del pelo que, hoy por hoy, se roban las miradas en los barrios de Latinoamérica. Resistir deflecando cortes y puntas, es una razón más para seguir existiendo.

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