Ivy Queen, la poderosa pionera del reggaetón

Escrito por: - 10 de enero de 2022
Ivy Queen, la poderosa pionera del reggaetón

Romper el molde requiere fuerza, fe y convicción. Pilares de una carrera musical que ha resonado en dormitorios, patios y discotecas latinas, permitiéndonos resignificar el perreo y la libertad. Andrea Ocampo, nuestra #ExpertaEnReggaetón, conversó en exclusiva con la Reina del Reggaetón. De canciones como casas, feminismos, nuevas generaciones y el poder de la porfía te enteras aquí.

Por Andrea Ocampo Cea / Collages: Nicolás Astorga

La música es como los suspiros

contiene todo lo que no puedes decir con palabras

Ivy Queen – Un baile más

Perreamos frente al espejo, con nuestras compañeras, hermanas y amigas porque otras mujeres lo han hecho posible. Artistas que se han incorporado a la industria del reggaetón como bailarinas, productoras, diyeis, coristas, pero sobre todo, cantantes y compositoras. Una de ellas y la reina, es Ivy Queen. Estrella hecha escuela del género urbano que durante las cuarentenas se ha concentrado en su casa, junto a su familia y team work en Florida, Miami. Todo, luego de haber parado su gira Raíz No Rama durante 2020, donde triunfó en más de 19 ciudades de EE.UU, haber recibido el “Vision Award” (2021) de los Premios la Herencia Hispana, cantado junto a Gloria Trevi en Premios Lo Nuestro y el recientemente reconocimiento Leading Ladys of Entertainment de los Grammy Latinos 2021.

La herencia de la Potra es difícil de prever. Recién estamos en la primera ola de reconocimientos a su legado. Las recién llegadas al perreo y al trap le citan, le homenajean en canciones y entrevistas, las revistas permiten publicaciones, la academia musical le distingue con premios y reconocimientos, mientras que la academia universitaria les dedica papers analizando su influencia cultural y política en centro y latinoamérica. Ivy Queen, durante esta pandemia, se vuelve un ícono con narrativa propia. Conversamos con la diva sobre su reciente tour, el estado de industria, así como sobre su sitial en la historia del reggaetón.

 

El ritmo me está llevando

Martha Ivelisse Pesante Rodríguez luce 48 años. Podríamos decir que es madre tanto de Nayovi, como del reggaetón. Nació en la región de Añasco en Puerto Rico, pero se crió en Nueva York, completando lo que se ha llamado una migración circular: volviéndo a los 18 a San Juan conoció a Dj Negro, quién la invitaría a la banda The Noise (1995) donde fue la única rapera que pondría, en sus líricas y ropas holgadas, los ritmos e influencia del rap gringo de los 80’s. La banda underground fue testimonio vivo de la criminalización y censura del género en la isla del encanto, cuando se prohibió escuchar flow violento en las radios, cuando los cassetes se vendían y copiaron en el mercado negro. La respuesta de Ivy a lo que ocurría fue este contundente “Somos raperos no delincuentes”. 

 

Cuando comencé en esta música tenía todo en contra. La gente decía que mi tipo de voz masculina… eso era negativo; que mi actitud era negativa; que mi manera de vestir como marimacho o tomboy era negativo; yo tenía todo en contra. O sea que tenía las uñas muy largas, que era Freddy Krueger, que Edward Scissorhands; oye, no tienes idea de todas las cosas que yo bregué, que tuve que lidiar. Oye, que yo me enamoro de esta música y dejo mi casa, dejo mis estudios. Mis padres se divorcian y dejo la crianza de mis hermanos que estaba a cargo mío, porque la música ya no dejaba estarme quieta en un mismo lugar. Me voy a fajarme con el mundo que lo tengo en contra diciéndome que no es pa’ mi. Lo mismo que le pasó al reggaetón: que le dicen que no es pa’ los jóvenes, y que bueno, lo hacen más famoso. Ese es el poder del no  –Ivy hace énfasis desde el living de su casa, mueve sus manos para indicar un punto de su escritura en el aire– So… cuando logrée capturar de la manera que quiero capturar mi historia, van a entender muchas cosas de por qué soy tan franca y honesta; y por qué –al ser franca y honesta– me meto en veinte problemas. Porque yo no le río las gracias a nadie, ni soy un títere que me pueden jalar como una marioneta, que me llevas para dónde sea” – advierte. Y es que cuando por los dosmiles conocíamos los primeros hits de La Caballota, supimos de inmediato de las malas lenguas que se tejían sobre ella. 

Se le cuestionó su voz e identidad desde múltiples dimensiones: por ser mujer en un género misógino, incluso, por tener ‘voz de varón’ se jugó con la idea del travestismo (que continúan el día de hoy), de si acaso era hombre; o por su look tomboy, de si fuere lesbiana. Su género, cuerpo y sexualidad fue objeto de crítica desmedida, a diferencia de sus compañeros de flow a quienes se les ha perdonado prácticamente todo. Si hasta hace poco, tuvo que demostrar su resistencia cuando la prensa e industria daba por terminada su carrera al quedar embarazada. Momento en que respondió con Vendetta (2015) un fenómeno musical que consistió en un disco de música urbana, otro de salsa, de bachata y otro de hip hop, los cuatro lanzados de una sola patada. 

 

“Fue horrible. El momento más bello de mi vida, en que yo pensé que me lo iban a celebrar, fue el momento donde más… la gente habla de bullying; bueno, pero de bullying yo sé desde mis comienzos. Fue un momento donde de verdad debía ser celebrada mi barriga y fue de que “mira que tiene los pies hinchados”, “mira qué por qué anda en tacones”. Yo no tenía pies hinchados nunca. Yo andaba en tacones porque ¡Mírame ahora!. Está la crisis, pero por mi ¡La crisis no se nota! Con el embarazo yo andaba reluciente, radiante. Vendetta son cuatro álbumes. Una osadía que nadie ha hecho, de escribir tantas canciones. Esa es mi lucha. Y eso queda en mi historia marcada con ¿Cómo esta mujer hizo cuatro álbumes de cuatro géneros diferentes? ¿Cómo escribió tanta canción y juntó a tanto productor? Fíjate: ”Vendetta” tiene casi todos los productores del género: es otra prueba más de lucha. Desde el título del álbum lo dice. Es un grito de sobrevivencia”. Termina de anotar antes de que el sonido se nos vaya. Apunto sobre la capacidad que ha tenido de no agotarse y lo impredecible de su carrera. Cuando todos han ido para allá, ella ha venido en dirección opuesta. Va a contracorriente y es quizá esa resistencia la que incluso está en sus múltiples nombres y cambios de imágen. Como si cada vez que quisiera innovar trajese un nuevo vestido, chapa y sonido. Una nueva estrategia de resistencia. 

Junto a Dj Negro participó del disco de Eddie Dee los “12 discipulos“Fueron muchos los llamados, pero 12 los escogidos…” así inicia la estética de este corillo de cantantes donde pegarían los más grandes exponentes del old school, entre ellos Tego Calderón, Vico C, Daddy Yankee, Nicky Jam, Don Omar, Héctor el Father, Tito el Bambino y la Potra, que debuta en esta antología de jóvenes metralletas del reggaetón con “Que es la que hay”.   

Ivy Queen, al pasar los años y al contar de sus nueve discos: En mi imperio (1996), The Original Rude Girl (1998), Diva (2003), Real (2004), Sentimiento (2007), Drama Queen (2010), Musa (2012) Vendetta The Proyect (2015), Llegó la Queen (2019) ha ido sumando himnos y nuevas formas de llamarse: la diva, la potra, la queena, la mamá de los pollitos, la roca. Sus looks, peinados y uñas se han ensamblando en sobrenombres, apropiándose de los sentidos negativos que se le han impuesto a esas palabras. Ellas las toma, se las adjudica y las vuelve armas de defensa. En su spanglish, mood y vigor estético: “Me dicen perra porque soy una fiera” nos dirá.

Te he querido, te he llorado

Los cruces del reggaetón están en la vida y obra de la Queena. Desde el origen híbrido del género musical, pasando por las confluencias y bases del hip hop y reggae, así como el origen caribeño y el desarrollo latinoamericano de su carrera. Una, repleta de discografía y colaboraciones, donde representa el poder y los dolores de la mujer popular: de una y muchas mujeres dueñas de una subjetividad compleja, que señorean el orgullo de conocer los códigos de la calle. Mujeres a la que se les ha pedido quedarse en casa, confinadas:

Mi hija es la que más se está gozando esta situación, ella tiene 7 años y yo he pasado toda mi vida trabajando, toda mi vida viajando. Entonces Naiovy cuando me ve en la casa lo celebra. Nos hemos adaptado al sistema de comunicación de hoy día. Que yo ya venía en la gira con todas mis cositas, gracias a Dios, con mis cámaras, mis luces, buscando que mi contenido sea lo más real posible, que la gente sepa que yo siempre ando bella. Porque siempre digo que hay que arreglarse, porque si uno se queda con la ropa de dormir todo el día, vamos a atraer esa energía de vagancia, de pereza. Me he ido adaptando: como las uñas. Te pongo un ejemplo: la gente me pregunta, cómo ella cocina, cómo ella se limpia el cutis, cómo ella hace las cosas, entonces una se adapta y hace las cosas. Así es como he estado bregando esta situación, bregando desde mi casa. De hecho puedo estar más cómoda, digo yo. Lo único que me hace mucha falta es que… yo soy una mujer muy efusiva, soy una mujer que abrazo a mis fanáticos, les digo que los amo, me los llevo a comer. Está un poco más difícil porque no piensas que un abrazo y un beso puede convertirse en algo letal y eso es a lo que no me adapto. 

Raíz no rama -el tour del 2019- consistía en pasar por 19 ciudades de EEUU y quedaste en la mitad de tu gira por la pandemia…

Siempre he dicho que mi gira fue pospuesta, no que fue terminada. La palabra ‘pospuesta’ me causa alegría, me da esperanza. Yo soy una mujer de energía y es la energía que quiero colocar en terminar mi gira. De eso se trata: de intentar seguir a través de esta crisis, llenándose de energía para continuar. Si no, nos llenamos de la energía que no es y eso es más desastroso y tedioso: estar teniendo que bregar con la incertidumbre. 

Luego de esa suspensión abriste un podcast -bajo el mismo nombre del tour- que, además tuvo muy buena aceptación, especialmente el Dímelo cantando” de Jowel y Randy ¿A qué necesidad respondió abrir tu propio medio de comunicación?

Siempre he dicho que mi música ha servido de bálsamo a alguna gente, de lenguaje a alguna gente, de idioma a alguna gente, entonces quise usar esta plataforma de comunicación para ayudar a otros compañeros del género que comenzaron conmigo; a otros, que no comenzaron conmigo, pero que la gente no sabe dónde se encuentran en estos instantes. Porque la industria musical es muy fuerte. Todos los días, está saliendo una canción nueva. Parte de mi cometido con tener un medio de comunicación es ese. Es no solamente hablarle a mis mujeres de moda, de sobrevivencia, de experiencias, sino que ayudarle a mis compañeros para que la gente sepa dónde se encuentra Franco el Gorila, donde se encuentra Tony Dize, la procedencia de Vico C. O sea yo soy súper fanática de Vico C y lo tuve en mi podcast, donde pude preguntarle cosas que otra gente no se atreve, a preguntarle por la confianza que tengo con mis colegas, por la amistad que nos une. A veces me parece un poco injusto que no se le de la exposición a gente que trabajó tanto y tan duro para que la música de nosotros estuviera así alrededor del mundo, como está. Todos los músicos que vivimos de la música tenemos que montarnos en un avión o irnos de gira en un tour bus, a seguir continuando y metiendole mano, porque Dios les hizo y les dió un don y, si en mi está el poder ayudar, para mi es espectacular poder ayudar. Quiero que mi podcast sea vehículo, ya sea para mis compañeros, colegas, ya sea para las mujeres.

Luego de esta experiencia de podcast musical y de un documental con sus conciertos del 2020, Spotify la puso al comando de “Loud”, el primer podcast en spangish en que Ivy Queen narra la historia del reggaetón desde su óptica. Un relato de primera línea y fila sobre este fenómeno musical, cultural y social cuyas consecuencias seguirán siendo insospechadas. No es anodino que algunas de sus fans insistan en la necesidad de un acceso universal al contenido allí esbozado. La historia del reggaetón se cantó y realizó en español, y la comunidad latina que asistió a sus conciertos en gimnasios, foros, discotecas y estadios de latinoamérica –aquella que creció aprendiendo de La Diva– no habla spanglish, sino que el multicolor español y las lenguas indígenas de la región.

A propósito de la situación en la que aún nos encontramos, lanzaste el single “Antídoto”. Y la pregunta cae de cajón ¿Tienes la cura del Covid?

Jaja.. yo te juro que si la tuviera, tuviese empatía por lo que está haciendo este proceso más difícil. Yo soy una mujer que tengo creencias y soy muy de las teorías conspirativas. No. Yo digo que tal vez, el que encuentre la cura la va a monopolizar y tratar de hacer –como siempre– añicos lo humano, para que todo sea un business, esos son otros temas, pero… “Antídoto“ nace de la incertidumbre. El Covid llegó en medio de la gira por EEUU. Nosotros estábamos llegando a San Francisco. Nos detuvieron los buses y tuvimos que salir de la ciudad, porque la iban a cerrar. Tuvimos que volver a Miami, algunos a Puerto Rico, otros a Colombia y entre medio de eso quise escribir una canción que no necesariamente fuese acompañada con reggaetón. Pues para bailar y para perrear hay su momento. Pues para el momento en que compuse “Antídoto” estoy pensando que quiero llegar a mi casa, estoy pasando 5 días de 8, por carretera, extrañando a mi hija terriblemente. Es un tema diferente, con un piano, un tono gospel de iglesia, hay voces de niños: está la voz de mi sobrina, está la voz de mi hija. Yo siempre he dicho que si escribo algo, tiene que ser algo de verdad, que me toque.

Vi que en el videoclip hay imágenes con tus fanáticos, pero también imágenes en la Basílica de Guadalupe en CDMX…

Mira, a veces hay que buscar dónde aferrar tu corazón y la gente dice Dios, Alá, Jehová… le ponen miles de nombres y es una sola entidad, para mi. Todo lo que la gente está viendo en el video de “Antídoto”, son cosas reales. Cuando llegamos a México, lo primero que quisimos hacer fue ir a dar las gracias, porque más de veintipico de años de trayectoria, todavía me tienen de pie; todavía voy a las presentaciones y se llenan. Imagínate tú que “Yo quiero bailar”, pareciera que la saqué el mes pasado porque la gente la canta con una euforia tan bonita ¿Por qué no ir a dar las gracias? Fui lo más discreta posible, pero dónde iba a esconder mis manos…

 

Creadora de himnos, entre ellos “Yo quiero bailar” – remezclado en “Leyendas” de Karol G– que luego devino en un Yo quiero saber –como si el baile conllevase un saber a la hora de bailar– “Tuya soy”, “Guillaera”, “Te he querido, te he llorado”, “La vida es así”, “Que lloren”, “Menor que yo y un largo etcétera que menea las teclas mientras escribo esto. Pero es sin dudas, el remate del “Eso no quiere decir que pa’ la cama voy” que ha marcado generación tras generación de mujeres del Caribe y Latinoamérica, y el que ha convertido a la Potra en la Queena de una escuela y reina del género. Con su coro nos ha abierto un espacio en la pista de baile, una baldosa donde puedo perrear con otro y eso no nos obliga a ceder sexualmente ante él, porque contamos con nuestra decisión, vale decir, con nuestra libertad. Por ello, no es una locura decir que la exaltación del perreo y el goce femenino –incluso en un género musical machista como éste– es también parte de nuestro frenesí libertario, donde el estereotipo de la virgen, la loca y la prostituta quedan obsoletos. Todo aquello que dijeron de nosotras, en Ivy Queen se trastoca y se les devuelve con la violencia de un flow pegajoso e inmortal. Con la figura y trayectoria de Ivy,  comprendemos que podemos ser más de una, la que queramos; así como la transformación estético-política, el cambiar de opinión y la palabra propia son nuestro derecho.

Botar el golpe

Soy real, la calle me aclama la campeona

No puedes con Queena

Porque soy, original diva (…)

Yo camino donde quiera con orgullo

Porque tengo el corazón para darle duro contra el muro

Y al que trate de decirme que yo no puedo

Ivy Queen – Tú no puedes

La Caballota nos ha entregado el perreo como un baile propio, no para un otro, sino que una danza que podemos realizar a solas o con nuestras amigas (o parejas si queremos). Es el poder del reggaetón que ha sabido descifrarnos en medio de la disco, al permitirnos decir que no. Quizá todas sabemos que contamos con ese no; la diferencia está en que ella lo dijo, lo escribió y lo ha cantado –incluso embarazada– durante más de 20 años, ante una sociedad conservadora que se lo negó (y que aún nos lo niega). Ivy Queen se negó a esa censura del “no puedes” y se convirtió en la reina de sí misma. Se salvó: 

En mi opinión personal, en Puerto Rico, este género se levantó de un no. Decían que esta era música de gente de calle. Decían que esta música era de malandros, asesinos, etc., y nosotros seguimos bregando contra viento y marea. Yo siempre tuve una incomodidad: metían todas las manzanas dentro de una canasta. Yo decía “¡Es que mis líricas no están hablando de que las mujeres se desnuden!” De que las mujeres, esto. De que las mujeres… no sé. Ese era mi problema, siempre. Cuando a mi me tocaba argumentar, yo argumentaba con fundamentos: mi música no era de lo que se estaba hablando, la generalización era terrible. Pero aun así continuamos y seguimos nadando. Hoy el contenido es variable. Algunas letras siguen depreciando la esencia y la presencia de la mujer, pero seguimos nadando: la música sigue estando ahí. La diferencia es que hoy la música está haciendo números. Números gigantes, que es donde entra el negocio de las casas disqueras y etcétera. Pero la música no va a parar; la música va a continuar.

Tienes una canción llamada “Tuya soy”, donde un hombre está al centro y la mujer lo hace feliz, mientras él le miente y daña el corazón. Pero también pienso en la evolución -en términos liricales- de “Vendetta” donde el eje lo pusiste en la mujer, en su contexto, en quién somos, hacia dónde vamos…

Sí, en las necesidades femeninas. La música que yo he escrito es el bálsamo para esa mujer que está pasando una situación horrorosa en su casa y no tiene quién sea su voz, no tiene cómo gritar, no tiene cómo decir, no tiene cómo sentirse segura porque encontró que él le estaba siendo infiel y estaba con otra. A eso es a lo que yo me he dedicado por años, con un orgullo profundo lo digo. Porque mi música es la urgencia del sentimiento en la mujer, del verdadero empoderamiento en la mujer. Ser sexy no es un pecado, pero hay maneras, hay momentos y lugares. Cuando escribí “Tuya soy” lo hice porque lo estaba viviendo: a mi me estaban siendo infiel y en vez de irme a llorar quise enfrentarlo. Todas las historias de mi vida que han quedado plasmadas en canciones, han sido terapia. Escribir es depurar y sacarlo para afuera: botar el golpe, mediar con eso. He sido una mujer que sí, lloró la relación, porque sí, creí. Pero oye: me levanté, me desperté y continué. Y así ha sido el proceso de muchas de mis canciones. Y cuando he escuchando a mis amigas llorar, pasar por un largo letargo, yo les digo “Oye mami ¡Los hombres no sufren por tanto tiempo!”. No, no lo sufren.

Tengo mujeres que me escriben a mis redes sociales, que quieren entrar a la música o ser parte del ambiente o del género. Todas me preguntan –y es como que un hijo te preguntara– mira yo quiero cantar… Pero me dicen tengo que sonar como sutanito, menganita, perenceja, fulaneja (…) Entonces tú te sientes como una mamá con una gran responsabilidad. Entonces ¿Qué le dices a tu hijo? ¿Tú le dices que existe Santa Claus y el ratoncito Miguel y lo desilusionas? ¿O le dices que no existe ningún ratoncito y ningún viejo panzón? Me siento en una responsabilidad tan seria que no tienes idea. Siempre digo que el alma va a absorber lo que necesita. Así que a estas chicas que me hacen el acercamiento, yo miro su panorama y le explico el mio. Les digo: yo tenía todo en contra ¿Qué tú quieres ser? ¿Quieres ser original o una copia? ¡Cuando tú eres original, se van a cerrar puertas! Pero si encuentras una ventana que le entre luz, aunque sea una grieta ¡La tienes! ¡Tienes que seguir dándole! ¡Machacándole! Y así les trato de decir un poco de lo que yo he vivido. De lo que no me arrepiento porque ha sido mi graduación. Y sigo pa’lante y trato de ayudar de la manera en que pueda a tantas muchachitas que vienen pa’ arriba y están perdidas, sin brújulas.

De palos, un puente

Ivy Queen es pionera de una escena, vivió sus capítulos fundantes y con eso asumió los costos del corillo de avanzada en la industria musical. Uno de estos saldos es ver “como si fuese la primera vez” el estado de las cosas. Un estado cuasi original del género urbano, que es la génesis de una mujer en la industria de la música urbana, de la que algún antecedente tuvo por su influencia del hip hop, el reggae y la salsa, principalmente con la figura de la diva tropical Celia Cruz

Por eso ante, la aparición de su single “787” y un documental sobre el mismo, se le exhibe como protagonista y testigo de la historia del flow, pero también como la única mujer que le ha puesto rostro y nombre a los golpes que ha recibido, devolviéndolos en forma de perreo intenso.

– “787” es una escuela; al igual que mi podcast, es una herramienta de educación. Porque en esta vida hay un pasado y hay un presente. Entonces hay que aprender la historia y cultivarla mediante el respeto. Estas canciones de las que yo me apropié de mis compañeros, colegas –de algunos con los que yo comencé y de algunos con los que no comencé pero que vi su carrera nacer– es mi honor entregado hacia los caballeros del género que caminaron y cabalgamos juntos para que esto fuese el género urbano que es. Entonces, me siento con la libreta y digo “¿Cómo yo voy a organizar todas estas canciones que a mi me gustan?’. Bueno, las voy a organizar como si un hombre me las fuera a cantar a mi y rompo: “Se me queda mirando / yo lo tengo sudando / lo escucho / decirme al oído bajito / como dice Yandel / pegarte a la pared / como el gato Yavia / me sigue a la máquina”. Entonces empecé a preparar una escena, como si fuese entrando a la discoteca y él me estuviera cantando y diciendo todas estas cosas. Como originalmente me hubiese gustado que un hombre me cantara ¿Te acuerdas la canción “Pobre diabla” de Don Omar que nos cantaban?

– ¡Claro!

– “Dile que bailando te conocí (…)” La música que en realidad me encanta. “Mi cama huele a ti” de Tito el Bambino, “Zundada” de Zion y Lennox. Literalmente “787” es una autobiografía educativa de lo que ha sido el género urbano. De los oleajes que ha tomado la música. Muchos de los muchachos me escribieron y me felicitaron. “¡Qué buena idea! ¡En vez de nosotros darte honor a ti, tú nos das honor a nosotros!” Y yo les digo “¡No importa!”. Yo no estoy para que me den algo: yo estoy aquí para educar. Igual que los podcast: son herramientas que tenemos que dejar. Porque yo quiero que el día de mañana, cuando yo falte en este plano terrestre, no le digan un cuento a mi hija. Lo mío va a estar documentado para que mi hija pueda ver quién fue mami.

De palos, la Queen teje un puente para indicarnos un recorrido personal en el reggaetón. Historiadora y documentalista de su propio género musical, the original rude girl nos invita a bailar, pero también nos habla de compañerismo, discriminación y ferocidad. De cómo hacerse nombre en la historia del sonido más punk que América del Carible y América Latina ha conocido durante siglos. Donde el gruñido de la juventud de los ochentas sería traducido hasta los dos mil veinte sin problemas, porque habitamos el mismo espacio, los mismos códigos. La vieja escuela nos heredó esa casa: ya no estamos a la intemperie. 

 

La casa del reggaetón 

Pero si el reggaetón fuese una casa y tuviéramos que hacer cuarentena ahí ¿Cómo sería ésta?

– Bien colorida y con mucha música” –afirma Ivy- “Allí tendría que haber su tiempo de silencio, porque también el silencio es importante. Siempre he dicho que la casa del reggaetón es Puerto Rico, mi isla 787. Una casa a la orilla del mar, con música y buena comida. Lo ideal sería una casa donde cada cual tuviera su espacio, sería una casa donde no te juzguen por cómo te veas, por cómo te vistas. Y más bien te juzgasen por cómo te comunicas con los demás y por cómo convives dentro de la casa. Eso es parte de la convivencia: tener paciencia para lidiar con los caracteres y los humores de los que viven contigo. A mi no me gusta juzgar por las apariencias. Esas serían las reglas básicas de convivencia en esa casa (del reggaetón). Pienso que el cielo nos mira a todos con los mismos ojos, no está excluyendo a nadie. Bajo el cielo estamos siendo iluminados todos. Todos siendo observados. La música va a continuar su curso. Tanto la música como el arte ahora es un vehículo de esperanza para la gente que está acuartelada y encarcelada en su casa. Y la música va a continuar. Van a surgir modas y diferentes variantes de nuestro género. Estos son los momentos donde van a surgir como el panadero: van a poner el pan y ¡Va pa’ fuera! ¡Va pa’ fuera! ¡Va pa’ fuera! Lo mismo va a pasar con la música. Porque no va a parar. Un mundo sin música y sin arte, es un mundo muerto, literalmente. 

Me despido de la Caballota vía Zoom. Le agradezco toda la inspiración y radicalidad de su batalla, le digo que es pura valentía y porfía lirical. Le transmito mis besos por la cámara y todo queda en silencio. Me pego una llorada adolescente. Llamo a mis amigos para contarles, lo que fue esto. Veo este video y pienso en la potencia del reggaetón y sus himnos, en cómo ese vehículo de comunicación sónica y corporal de las mujeres va desde las caderas hasta las cabezas, en esa confianza y protección que sentimos cuando somos parte de ese animal indomable que bailamos juntas. Pero ahora que termino de escribir, pienso en cómo Martha se volvió Ivy Queen, e Ivy en ícono y en una escuela con discografía, podcast, estéticas, reglas y herramientas propias. Pero mejor, que su estrategia para lograrlo, se las cante ella misma: 

 

 

Agradecimientos a Nayira Castellanos & Javier Norambuena