La silenciosa red de terapias de conversión

Escrito por: - 22 de febrero de 2022
La silenciosa red de terapias de conversión

Operan en silencio y al amparo de la ley en Chile, Argentina, Venezuela, España y toda América. Ex-gays, comunidades e iglesias se dedican a convertir la orientación sexual y/o la identidad de género de la comunidad LGBTIQ+. Pero cuando la conversión es a base de torturas, no hay terapia posible. Benjamín Gálvez investigó para AmorAlCaos.

Por Benjamín Gálvez C. 

La última vez que Elías (41) fue a su iglesia, estuvo todo el día llorando. Llegó temprano, al primer servicio del día. No paró de llorar hasta la tarde. El pastor pidió a quienes asistieron que rezaran por él, porque extrañaba a su familia de Venezuela. Sin embargo, no lloraba por la distancia, sino por la separación que estaba por venir: la de su relación con la fe. Hace más de siete años que estaba bajo un proceso que lo ayudaría a dejar de ser pecador y terminar con su dolor. Un proceso que, como promesa, tenía el dejar de ser gay. 

“Ellos te venden eso: que el pensamiento va a disminuir lo suficiente como para que puedas desarrollar relaciones sanas con personas del otro sexo, ya sea para quedarte soltero o para empezar una relación heterosexual» recuerda Elías. El proceso comenzó después de una ruptura amorosa, cuando estuvo alejado de la iglesia para vivir su orientación sexual. Pero el dolor fue tanto, que pensó en volver a la fe. “Yo nací en la religión, soy hijo de pastores. No conocía nada más”, recuerda, mientras se ríe al recordar que, cuando pequeño, jugaba entre las cajas de biblias que su papá salía a entregar. 

Zombies de la fe

Volver a la iglesia no fue tan simple. Elías sabía que tendría que enfrentar el rechazo por su orientación sexual. Pero no importó, no tenía otra alternativa, toda la vida fue como un esclavo de la fe y la iglesia; “y el que ha sido esclavo toda su vida, no conoce otra cosa fuera de la esclavitud (…) Es un proceso súper complejo, como para que alguien pueda detenerlo o tenga el atrevimiento de cuestionar su fe” recuerda.

Por eso, se puso a buscar por internet hasta que llegó a Sanador Herido, donde un ex-gay era ministro. Él junto a su esposa, invitaron a Elías a su casa para conocerlo. Cuenta que lo recibieron con mucho cariño. Después de escucharlo y orar con él, se transformaron en mentores y él les tenía que “rendir cuentas” de su proceso. Le prohibieron la pornografía, algunos tipos de música e incluso ver a ciertas amistades. “Dejé a los que no respetaron mi decisión de volver a la iglesia. (…) Aparte de eso, tenías que orar, leer la biblia, ir a los retiros, ayunar una vez al mes. (…) Con ese estilo de vida creí haber cambiado, pero lo que hice fue reprimirme al punto de que me deshumanicé. Me convertí en una especie de zombie de la religión”. Elías, después de cinco años, seguía siendo gay.

Pasó el tiempo y conoció a otra persona que estaba en el proceso, con quien mantuvo una amistad larga e intensa. Años de complicidad que terminaron con ambos acusados de tener una relación y –aunque no fuera cierto– les expulsaron de la iglesia y su comunidad. 

Una crisis similar vivió Inés (42) en 2009. Ella, después de una relación con una mujer, también fue expulsada de su parroquia. Pero alguien del lugar, le pasó un contacto que le podía ayudar y le pidió que no lo compartiera con nadie. Así conoció a su psicóloga: “Desde el inicio le hacía caso en todo, pero nada funcionaba. Lo último que me recomendó –como salvación– era que hiciera ejercicio y eso hice. No me quedaba vida. Le hacía caso, pero seguía mal, muy mal (…) ese fue el período en que llevaba varios meses pensando en hacer algo para morir”. 

Cuando se lo advirtió a su psicóloga “me salía con una explicación teológica de que la vida sólo la acaba Dios. Yo le decía que todavía estaba enamorada de esta niña y qué podía hacer para dejar de sufrir. Necesitaba herramientas, pero ella me mandaba a rezar”. Hasta que las cosas comenzaron a tomar otro rumbo: “Ella me decía que yo no era homosexual. En ese tiempo no conocía gente gay, todo mi mundo era muy hetero (…) entonces todas las referencias eran caricaturas” e Inés se las creía.

Una práctica institucionalizada

Esa psicóloga era Marcela Ferrer Farnier (62). “Ella ha sido quien ha defendido las terapias de conversión de manera contundente, incluso ha hecho clases en universidades y hasta hoy no ha sido sancionada. Ella es la gran gurú de este sistema en Chile, porque se atreve a darle contenido académico a estas terapias y disfrazarlas. Esto (ha pasado) en universidades, sobre todo en las que están ligadas a la élite” dice categóricamente Ramón Gómez, coordinador del área de DD.HH. del Movilh.

Marcela Ferrer fue el nombre que el psicólogo Tomás Ojeda (37) escuchó cuando se enteró de que estas terapias seguían pasando. Hoy, él es una de las pocas personas que ha investigado este tema en Chile. Todo comenzó en 2012, cuando se aprobó la Ley Zamudio y en ciertos sectores de la sociedad esto fue visto como una amenaza.

Ese año, la ONG conservadora y provida, ISFEM, organizó su 13va jornada “Libertad Responsabilidad Sexual”, en la que se discutirían los “efectos de la Ley de No Discrimación”. En ella el actual decano de la Facultad de Psicología de la Universidad San Sebastián (ex decano de la Universidad Finis Terrae) Klaus Droste (47), expuso un panel llamado “¿Libertad para discriminar?”. Juzgue usted misme. 

Para Ojeda “ésta fue difundida como una actividad de orden académico, pero me enteré que algunas de las exposiciones de ese seminario iban a traer a terapeutas reconocidos en Latinoamérica que se dedicaban a curar la homosexualidad, entre ellas Ferrer”, y entendió que, en la jornada, las terapias de conversión iban a ser un tema importante. “Lo filtramos a organizaciones LGBTIQ+ y ahí se destapó que iban a contar con el testimonio de un ex-gay de Islas Canarias”.

La atención fue tal que Ismini Anastassiou (67), presidenta de ISFEM hasta la actualidad, dio una entrevista en CNN junto a Alberto Perez (22), el llamado ex-gay invitado. Alberto, convencido en ese entonces, dijo frases como: “nunca más volví a sentir deseo por un hombre luego de la terapia”. Pero luego se desdijo, pues hoy es abiertamente homosexual y un activista por los derechos LGBITQ+.

La implicancia, para Miguel Roselló (37), coordinador de la Comisión de Género y Sexualidades del Colegio de Psicólogos, es que estas prácticas “no son terapias; han sido declaradas como prácticas de tortura (por la OMS). Están llenas de valoraciones morales, no clínicas, que no tienen que ver con el bienestar de las personas sino con la normalización (hacia la heterosexualidad)”.

A esto, Tomás Ojeda agrega que: “Eso se mezcla con reflexiones de tipo religiosas. Por eso hoy día se prioriza hablar de prácticas reparativas más que solo de terapias, porque –lo que muestra la evidencia– es que, lo que está en juego no son sólo intervenciones clínicas, sino que van acompañadas de prácticas como la oración. Entonces, al hablar de prácticas, nos permite tener una visión más completa del panorama. No solo (hay) psicólogos, sino que también sacerdotes, monjas, políticos. Hay un montón de personas actuando en esto”.

La Asociación Internacional de Gays y Lesbianas ILGA realizó en 2020 un informe sobre las terapias de conversión, destacando que, sólo cuatro Estados miembros de las Naciones Unidas tienen prohibiciones estas terapias y, en Latinoamérica, solo Argentina y Uruguay tienen leyes que regulan servicios de salud mental; estableciendo que la salud mental de una persona no puede ser diagnosticada –exclusivamente– en base a su orientación sexual o identidad de género. Pero nada dice en directa relación a estas prácticas. Es decir, en toda Latinoamérica, siguen siendo legales. 

“Las terapias en Chile están prohibidas, pero no por ley, sino por políticas públicas. Desde 2016, el Ministerio de Salud las rechazó y se cuadró con algo que había dicho la OMS años atrás”, agrega Ramón Gómez, sumando que la primera situación documentada de este tema fue en 2004, cuando la Universidad de los Andes invitó a un psicólogo holandés a exponer las ideas de su libro, que tenían que ver con el tratamiento de la homosexualidad. Así es como las terapias de conversión han estado ligadas a la educación hace bastantes años. Sobre eso Ojeda reflexiona que, en el ámbito educativo, cuestiones como la Ley Zamudio “genera que grupos sientan que va a ser complejo hablar sobre ciertas realidades, de la manera en que antes lo hacían: de una forma discriminatoria hacia la realidad de unas personas”.

Una formación homofóbica

Por esa situación pasó Nicolás (29) en el colegio católico al que iba en La Reina. “Ser homosexual no era permitido, yo me escondía” recuerda. Salir del closet –como explica– era una rebeldía, había que atreverse a ser el centro de atención y él no quería pasar por eso ¿Por qué tenía que serlo? “Yo era más piola, y por eso empecé a guardar muchas cosas. Esa era la única opción” indica.

Recuerda que, un día de pena, le contó a su mamá que era gay: “Le dije, llorando: ‘¡Mamá, yo quiero ser normal! Como me piden en el colegio, para que tú estés bien'». Por eso, su madre empezó a buscar ayuda. “En el colegio ella seguía lo que escuchaba de profes, curas y en las reuniones de apoderados. Ahí se comentaba sobre las terapias”, afirma Nicolás. Así es como su mamá encontró una psicóloga y él fue. “Me evaluó y me dijo: “Tienes un problema y lo vamos a orientar para que no ocurra más. Me hizo preguntas sólo de mi sexualidad y me dijo que, si yo alguna vez había tenido sexo anal, ya no había vuelta atrás” recuerda entre risas. Ese era el nivel teórico de la terapia. 

Luego, lo obligaron a ser más hombrecito: tener un tono de voz más grave, caminar de cierta forma y empezar a ver porno heterosexual. “Una de las primeras recomendaciones que me hizo mi psicóloga fue ir a un prostíbulo, porque era una técnica que ‘varios jóvenes’ utilizaban para iniciarse sexualmente”, recuerda Nicolás. Por supuesto que no fue.

“Me empecé a obsesionar con que me gustaran las mujeres. Con buscar polola, forzándolo, porque de verdad no se daba de forma natural”, recuerda. Veía porno con mujeres y no le pasaba nada, por eso fue al urólogo “quería saber si me funcionaba bien (el pene), porque me empecé a culpar de que no me funcionaba”. Y como se podría esperar, todo estaba bien.

Relato y red común

“No hay ninguna organización o institución en Chile –que promueva este tipo de terapias– que de alguna u otra forma no esté vinculado a la iglesia; ya sea católica o evangélica. Inicialmente pareciera que no, pero cuando buscas los nombres, de alguna u otra manera, las relaciones empiezan a hacerse”, asegura Ramón Gómez. 

De estas asociaciones fue testigo Rodrigo Figueroa (25), psicólogo, director de la ONG Ceres y ex alumno de la Universidad Finis Terrae (UFT), quién –en octubre 2020– participó en un reportaje en El Desconcierto que denunciaba la enseñanza de este tipo de terapias, además de situaciones transfóbicas y contrarias al aborto. Rodrigo lo recuerda así: “Fue una bomba. Yo quería hacer ruido, visibilizar. Mi meta era decir que no estaba de acuerdo con esto, porque si no, iba a ser cómplice”. Pero ¿qué pasó? 

El 2015 la carrera de Psicología recibió a su primera generación; año en que Rodrigo entró a la universidad. El segundo semestre y, sin aviso, Marcela Ferrer asistió a la clase de “Psicología del Desarrollo”, un ramo que hacía la actual jefa de carrera Carolina Barriga. “Empezamos a hablar y todo se puso extraño. Decía: «Si un niño quiere ocupar falda, que lo haga en la casa; afuera no. O si una niña quiere jugar con una pelota, que sea rosada. Cosas muy sexistas. Fue muy incómodo. Un par de meses después supe que Marcela Ferrer estaba denunciada y ese fue el primer antecedente”, recuerda Rodrigo.

“Siento que la universidad me obligó a tomar una postura, porque me interpelaba como persona LGBTIQ+. Después me enteré de que un compañero trans había entrado a la carrera y me comentó que, cuando entró a la UFT, la jefa de carrera (Barriga) le pidió una reunión para decirle que este no era un lugar para él, por ser trans”. Después de otras situaciones similares y de pedir ayuda dentro de la universidad, Rodrigo habló con El Desconcierto. “La universidad, lo que hizo, fue subir una historia a Instagram, habló de mí como una persona prepotente. Lo desmintieron todo” señala.

Marcela Ferrer no volvió a ir, pero sí continúa ligada a la UFT. Hoy su hijo, Christián Schnake Ferrer (44) se desempeña como director del Centro de Psicología Integral de la Persona, siendo –hasta el 2019– parte del directorio de Fundación Restauración, organización cuya página web continúa mostrándolo como parte del equipo junto a su madre (Marcela Ferrer) y también junto a su padre (ambos comparten el nombre). Esta fundación fue denunciada por realizar terapias de conversión en 2017 y nuevamente en 2020, a raíz del reportaje ya mencionado. 

Fundación Restauración, a pesar de emitir un comunicado al publicarse el reportaje, aseguró que no realizan terapias de conversión; pero, a menos de un año después –en julio de 2021– compartió el fallo a favor de Elena Lorenzo, la principal promotora de las terapias de conversión en España, quién se libró de ser multada por realizar este tipo de prácticas.

La historia, a pesar de Ferrer, volvió a repetirse en la UFT. “Barriga hablaba constantemente del tema trans y del aborto. Ella hacía una analogía de que los niños trans son como tigres, que caminan y comen como tigres, pero nunca van a ser tigres… satánico. Ella además nos contó que una vez llegó un paciente gay a su consulta. No supo qué hacer con él y lo derivó”, situación que para Rodrigo es inaceptable y que ningún psicólogo debe hacer. 

En su último año, Figueroa hizo una intervención con afiches informativos sobre personas trans y colaboró con Fundación Renaciendo, de psicología trans. El día del evento, una madre de la fundación le pregunta: ¿Oye, y tú sabes quién es él? Consultando sobre un profesor. “Ahí fue cuando me enteré que ese profesor, Juan Pablo Rojas Saffie (35), hacía cartas al diario patologizando a la comunidad LGBTIQ+”. 

Hoy Rojas Saffie no solo es profesor del ramo “Afectividad Humana” en la UFT y profesor Youtuber, sino que participa escribiendo minutas en Fundación Raíz Humana, donde fue autor de un texto sobre las terapias reparativas, con razón de una moción parlamentaria que –entre otras materias– propuso volverlas ilegales. En él se lee: “La evidencia científica muestra que, aunque ocurre en una minoría de los casos, el cambio de la orientación sexual es posible y, de hecho, puede ocurrir con o sin intervención terapéutica”.

En medio del debate por esta moción, la subsecretaria de DD.HH. Lorena Recabarren, se opuso a la indicación de la senadora Adriana Muñoz que prohibía estas prácticas, diciendo: “La forma en que está redactado aquí, está en términos absolutos y podría incluso aplicarse a casos donde pudiera existir la anuencia de la persona que se vaya a tratar. Y ahí tendríamos un problema, porque podríamos ir contra la voluntad de una persona”. Dicha moción fue aprobada, pero sin la indicación referida a las terapias.

Evidencia sin matices

El consenso científico es que estas terapias no funcionan, y en eso Tomás Ojeda es categórico: “La evidencia internacional y la producción local, a nivel estadístico y académico, muestra –de manera consistente y tajante– que la orientación sexual y la expresión de género de una persona no se modifica como consecuencia de una intervención de conversión. Los estudios han señalado que esas conclusiones son válidas sólo para quienes forman parte de esa muestra; es decir, no es posible extrapolar la experiencia de unos pocos y, por lo tanto, no es aconsejable replicar estas prácticas en otros contextos. Además, estos estudios han estado llenos de problemas metodológicos; por ejemplo, cuando dicen que se modifica la orientación sexual, lo que muestran es que se logra modificar la puesta en acto del comportamiento sexual, pero que el deseo y la atracción –que sería algo distinto de la práctica– no se modificaría”. 

“Los Colegios Profesionales perdieron la potestad de fiscalización en la dictadura (…) De volver a tener algún tipo de regulación yo creo que da cabida a que entren distintas apreciaciones personales y morales, sobre lo que debería regir éticamente. Pero –esto no le va a gustar a muchos colegas– nuestra disciplina no funciona en términos neutros o apolíticos, sino que requiere ciertas posiciones políticas respecto a los DD.HH y otros” dice Roselló del Colegio de Psicólogos; reconociendo otro problema: “La ciencia históricamente ha colaborado en la patologización de ciertas experiencias de vida (…) Eso se refleja en la falta de formación que tenemos en las Escuelas de Psicología respecto al género y sexualidad. La gran mayoría de los estudiantes sale de las carreras sin saber ni siquiera terminología asociada con el respeto a las disidencias sexogenéricas”.

Con ese problema se encontró Helena Figueroa (27), psicóloga trans no binaria quien, gracias a sus estudios luego de la universidad, hoy tiene un 95% de pacientes trans:

– “Que existan las terapias de conversión aún, lo único que nos viene a decir es que, a través del Estado, es posible legitimar prácticas que garantizan la violación de los DDHH de las personas diversas y disidentes, de manera sistemática”. Y agrega que: “Aquí, en Latinoamérica, venimos de una opresión colonial. Todas estas ideas llegaron de Occidente y nos las impusieron. Con la influencia del cristianismo, hubo un exterminio cultural que silenció muchas de las posturas sobre lo sexual y la familia. En general, las cosas que se escapan de la norma son mal vistas porque molestan, porque son feas. Por eso las diversidades son tan odiadas, porque no son comprensibles”.

Tomás Ojeda complementa: “El sustento de las terapias es una mezcla. La literatura de tipo académica sobre estas terapias, contiene algo que dijo Freud y otros, que les permiten armar un marco conceptual que justifica el por qué de la orientación sexual; o por qué las identidades trans son enfermedades o desviaciones. En el fondo, hacen uso de lecturas que son bastante acomodaticias a sus creencias”. Una justificación al prejuicio. 

Helena indica: “Es bien triste. Porque implica que (siendo distinte) nacer en un Estado constituye un acto violento para la existencia. De ahí que, si nazco más blanco-hetero-cis, más oportunidades tengo”. Algo con lo que concuerda Ojeda: “Hay un proyecto político de querer instituir nuevamente la familia tradicional, heterosexual y a la naturaleza humana como el fin último de la humanidad. Por lo tanto, es producción científica que está al servicio de un proyecto político, para volver al eje organizador ético y moral del catolicismo”.

Otro aspecto importante, que recalca Gómez del Movilh, es que: “Nosotros calculamos que desde 2004 hemos recibido 25 denuncias, que es muy poquito. Ninguna de esas personas se ha atrevido a dar un paso más”. Agrega que, denunciar un hecho como este, es –por lo general– ir en contra de tu religión, de tu familia y amigos, de tu vida. Hay mucho en juego, y por eso –considera– las personas prefieren mantener el silencio. 

Una práctica vigente

“No te pierdas este taller donde exploraremos cómo tratamos redentoramente con nuestras pasiones emocionales, relacionales y sexuales”. Esta invitación, dirigida a varios países de Latinoamérica, fue escrita por el Ministerio Restauración de Argentina, el pasado 12 de enero. A simple vista no es tan escandaloso, pero basta con mirar su Instagram para encontrar señales obvias. Incluso, el viernes 21 de enero, en Valdivia, realizaron un retiro al cual convocaron así: “Son bienvenidos todos los que luchen con relaciones, emociones y una sexualidad desalineada (…) Aquellos que tienen adicciones sexuales, atracción indeseada a personas del mismo sexo, entre otras”. La inscripción fue de 10.000 (CLP) y duró tres días. 

Encontrar este tipo de experiencias no es fácil y, me atrevería a decir, que es bastante complejo hallarlas si no estás dentro de una iglesia. De hecho, para inscribirte en alguno de los retiros, es necesario contar con la aprobación de tu pastor. Sin embargo, encontrando uno, aparecen más. Otro, es el Seminario de Cosmovisión Bíblica, realizado por el Ministerio A Un Click de Salir que ofrecía un módulo titulado: “Cosmovisión Social y Factores de Riesgo en Atracción al Mismo Sexo». Sólo a este encuentro asistieron 156 personas, de 17 países y fue organizado desde Chile en septiembre de 2021.

Las experiencias no quedan ahí, se multiplican y repiten los nombres. En febrero del año pasado, el grupo evangélico Movimiento Tabú reunió a cinco expositores para hablar de “Atracción al mismo sexo, comprensión, intervención y prevención”, donde fue invitada Claudia Di Liddo, esposa de Mauricio Montión, un ex-gay que –junto a su esposa– fundó Ministerio Restauración. Ambos, además de hacer retiros en Valdivia, se encargan de formar facilitadores en todo Latinoamérica para poner en práctica sus técnicas de conversión, las que están basadas en una capacitación en Estados Unidos y en dos libros escritos por Montión mismo.

“Aún se hacen terapias de conversión en el Hospital Base de Valdivia” fue el título de un video difundido en octubre de 2021 por redes sociales, en los que se denunciaba trato discriminatorio y tortura, por el Doctor Américo Cardemil (66) hacia Lilith Victoria (25), una paciente trans que –como denuncia– no recibió su tratamiento hormonal dentro del hospital, sin ninguna razón clara. Al respecto, Lilith indica: “No soy la primera mujer trans que sufre tortura dentro del hospital. Esta situación no fue aleatoria, fue dirigida y luego de mi denuncia pública, más personas con testimonios similares, me han contactado”. Dos meses después, el Tribunal de Garantía de Valdivia acogió la querella presentada por el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) de Los Ríos por los hechos ocurridos dentro de la unidad de Salud Mental del hospital.

Acorralades por la fe

Elías recuerda: “En una reunión alguien se levantó y nos señaló. Nos acusaron de que entre nosotros hubo algo” y los echaron. Así de simple.  Con el corazón roto y con la situación de Venezuela cada vez más inestable, Elías decide venirse a Chile. Su centro religioso contactó a una iglesia chilena e hicieron un traslado. Cuando llegó, entró a la iglesia La Viña de Providencia. Estuvo dos años ayudando a personas en procesos, hasta que, como recuerda: “Mi nuevo mentor me dijo que no podía estar solo conmigo, porque podía desarrollar vínculos insanos. Eso me fue causando dudas (…) Cuando te ves acorralado por la fe y lo que eres, comienzas a dudar. Ese fue un dilema existencial muy grande, uno de los más difíciles de mi vida, porque toda tu base de vida, se cae”.

– ¿Hubo algo que te hiciera dar el paso de salir de la iglesia? 

– “Me enamoré. Y si estás enamorado, eso hace que te cuestiones todo”.

Inés por su parte, pensaba: “Ella (Marcela Ferrer) me dio esa esperanza (de cambiar). Y obvio, yo creí. Me puse a pololear con un chico –a pesar del dolor que sentía– y no funcionó”. La angustia continuó hasta que un amigo le preguntó qué le pasaba: “Me quiero morir”, fue la frase que encendió las alertas. Su amigo la convenció de no ir más donde Marcela. Y así fue. Solo dejó de asistir y Ferrer nunca la contactó. Cambió de psicóloga y su historia fue otra. 

Nicolás, agrega: “Me agoté. La presión que empecé a sentir fue tan grande, que no me podía concentrar en nada más que no fuera eso”. El punto final de la terapia fue cuando –por primera vez– alguien cercano le dió un aliento: “Una tía me dijo: ‘Nico, eso no cambia y no hay problema, está bien ser así’” y no dejó de creerlo más.

– ¿Y la iglesia?

La verdad (risas)… yo veo que en estos tiempos la iglesia tiene poco o nada que decir. Honestamente, las iglesias deberían ser bibliotecas, discotecas, restaurantes. La iglesia no se va a acabar, porque la gente necesita creer en algo y yo entiendo. Es fácil que alguien diga qué hacer; eso te quita responsabilidad. (…) Pero como sociedad, la iglesia nos atrasa (…) Porque los grandes problemas del mundo –gran parte del abuso, la esclavitud– está ligado a la religión. Por eso, si es que desaparece, el mundo sería mejor: No habrían homosexuales en el closet, u hombres o mujeres casándose por presión familiar. Una persona puede vivir en paz y ser un buen ser humano, sin depender de lo que la iglesia diga.

 

En caso de que desees denunciar algún caso similar, puedes contactarte a:

🔗 Colegio de Psicólogos

🔗 Colegio Médico

🔗 Superintendencia de Salud

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